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El autor tiene éxito con romance que cuestiona la curación gay

La reciente decisión judicial, del Juez Waldemar Cláudio de Carvalho, de la 14ª Vara del Distrito Federal, de hacer legal a los psicólogos tratar a gays como si fueran enfermos, repercutió mucho en las redes sociales y en las calles. En la Avenida Paulista, el pasado día 22, se produjo una manifestación contra la liminar concedida por el magistrado. Las personas que marchaban, en la ocasión, protestaban en coro, diciendo que gays, lesbianas, bisexuales y transexuales no están enfermos, siendo el propósito de la reversión sexual algo prohibido, hasta hoy, por el Consejo Federal de Psicología.

Los gritos eran entonados sobre todo por los jóvenes, que sostenían carteles y tenían purpurina en la cara. Según los relatos, lo que más se oía hablar era sobre la libertad de ser quienes son y amar quienes desean, cuestiones que están presentes en la nueva obra, «El amor que nadie vio», del escritor y periodista Gui Barreto, que contesta la idea de Cura Gay. «La sexualidad simplemente se impone a cada uno de nosotros sin pedir permiso o permiso para quedarse. Algunos descubren su real sexualidad precoz y otros tardíamente. No se puede transformar un homosexual en heterosexual, y viceversa, pues aunque el comportamiento cambia, el deseo no cambia. «Lo que debe ser curado son los prejuicios, la ignorancia y la ceguera religiosa», escribió el psicólogo Wellington da Silva Oliveira, que firma el prefacio de la novela.

El libro, que ya fue elegido por la comunidad LGBTI, a través del concurso Papo Mix de la Diversidad 2017, como uno de los mejores romances homoafectivos contemporáneos, además del abordaje de género en una historia basada en hechos reales – donde el personaje principal vive un drama familiar por la causa de la madre que quiere curarlo, la trama presenta también otras discusiones, no menos importantes, como la religión y la manera en que la Biblia es interpretada cuando el asunto son los homosexuales. El autor cree que la política no debe preocuparse con quien una persona se acuesta, pero si esa misma consigue dormir sin ser herida verbal y físicamente todos los días. «Las estadísticas no mienten. «Todavía somos el país que más mata LGBTS, pero si mi arte puede promover la reflexión, mantendré la esperanza», afirma Gui.

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